Zona de Sentidos en Clarín

Por Paula Ancery

Nadie está preparado para lo que les pasó a Daniela Briñón y su marido, Fernando, cuando nació su primera hija, Sofía, en septiembre de 2009. El parto se precipitó a las 26 semanas de gestación, por un proceso infeccioso del cual nunca se supo la causa. Internada en Neonatología durante seis meses y operada en varias oportunidades, Sofía contrajo una infección generalizada, a consecuencia de la cual sufre parálisis cerebral. No puede comunicarse de manera convencional y su dominio sobre su cuerpo es limitado.

“Sofi es 100% dependiente, no puede hacer nada sola, y me parece que con el correr de los años va a seguir igual. Ser realista es parte de la solución”, afirma Briñón. “Pero también sonríe todos los días, no llora, se divierte, es feliz: ya está. Lo que consiga de acá en más va a ser un regalo”.

Claro que Briñón no pudo tomárselo de esta manera desde el principio. Entre otros motivos, porque lo que ella llama “el camino de la discapacidad” está lleno de meandros, y para las personas que están a cargo implica todo un mundo por descubrir en las materias más diversas. Por ejemplo, los accesorios para rehabilitación.

Sofía, por caso, tiene doce horas diarias de enfermería, y hace siete terapias semanales. “Los terapeutas te piden estimuladores visuales, que armes tablitas con texturas o que hagas una almohadita que tenga peso”, cuenta Briñón. “Fabriqué lo que necesitaba para mi hija y tuve buenos resultados”.

Pero además, tomó conciencia de que otros chicos con ésa u otras discapacidades también necesitaban juguetes o ayudas técnicas específicos. Y de que cuidar niños así lleva tanto tiempo que el que pueda ahorrarse en materia de búsqueda o confección es precioso.

Variedad Así fue como hace dos años decidió crear Zona de Sentidos, una tienda online de insumos para entretener y rehabilitar a niños con discapacidad. La firma ofrece tres tipos de productos. En el rubro juguetes, figuran la caja táctil de texturas (contiene tablitas texturadas para terapia ocupacional); la orquesta (ocho instrumentos que estimulan el oído y ayudan a coordinar movimientos) y los muñecos blandos de tela, una pareja en la que cada uno tiene su cama y su ropa.

Las ayudas técnicas, por otra parte, son herramientas que facilitan las tareas diarias de los chicos y sus familias. Entre ellas, hay grips para escribir (accesorios que se calzan en los lápices para manipularlos con más facilidad); chalecos con peso (para los chicos con hiperactividad o TGD; son más pesados que una prenda normal y eso los ayuda a reducir el estrés) o los bodies especiales. “Este es el producto que más me gusta. Como mi nena no camina, hay que alzarla, entonces la remera se le sube y le queda la panza al aire. Les sirve a los que usan pañal y también a los que tienen botón gástrico, hay talles de 3 a 10 años”.

Finalmente, en el ítem equipamiento hay, entre otros, rollos que se usan para hacer ejercicios, hechos de cuero ecológico y rellenos con poliestireno expandido; el túnel, un rulo hueco de grandes dimensiones dentro del cual los chicos pueden girar en un entorno seguro; y la media corporal, un traje de lycra que envuelve a los chicos por completo y les permite adquirir, jugando –esconderse, buscar objetos en su interior, hacer sombras-, conciencia espacial y del propio cuerpo.

“Algunos de los productos que vendo los compro acá, y estoy intentando importar otros”, dice Briñón, que tiene otra hija, Clara, de 3 años. “Lo que fabrico yo lo tercerizo en talleres de costura y de confección. Fue gratificante que los talleres me aceptaran producir pequeñas cantidades porque les interesaba el proyecto”.

Versión original de la entrevista realizada en Clarín: http://www.ieco.clarin.com/economia/ninos-discapacidad_0_1400860220.html

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