Villazul, Música para Crecer: El disco que tiende puentes, ayuda a la comunicación y concientiza

Fabián Marquisio es un músico uruguayo de 40 años, que empezó en la música a los 14. Grabó tres discos solistas y está preparando otro. Con su señora tiene dos hijos: Antonio, de 6 años, y Matilde, de 3. Un tercero o tercera llegará pronto, por ahora crece tranquilo en la panza de su mamá. Viven felices y a puro canto en Maldonado. Mucho más desde que su hijo mayor, diagnosticado con trastorno del espectro autista (TEA) a los dos años y medio, consiguió grandes avances para comunicarse. Para semejante logro fue fundamental, además del cariño de su familia, las canciones. La música y las letras del disco Villazul, Música para Crecer, elaborado por su papá y Estela Magnone, junto a terapeutas, psicólogos, psiquiatras, niños y el aporte de varios músicos: Sandra Mihanovich, Rubén Rada y Martín Buscaglia, entre otros, para nombrar a los más reconocidos por estas latitudes.

Con su profesionalismo y sus cálidas letras ayudan a los más chiquitos a transitar su día a día con más y mejores herramientas. Además han conseguido posicionar en lo más alto de las ventas un disco que surgió para tenderles una mano a los niños con TEA, pero que fue adoptado como propio por toda la sociedad uruguaya. “Antonio ha mejorado en un cien por ciento, fue algo impresionante. Antes sólo hacía sonidos, señalaba con el dedo, pero no podía identificar muchas cosas. También usaba pañales porque le costaba ir al baño. No todos los avances han sido por el disco, obviamente. Mucho tiene que ver el hecho de que su madre esté siempre jugando con él y la colaboración de su terapeuta, pero ha logrado gracias a las canciones una forma tremenda de comunicarse. Nosotros logramos transmitirle un mensaje”, le contó este padre artista a Zona de Sentidos.

“Para él ha sido muy importante la canción de Tranquilo, que lo ayuda a calmarse y a enfocarse de nuevo cuando tiene una crisis. También las canciones para ir al baño, así como las de guardar, porque antes dejaba todo tirado y salía corriendo. A los niños con autismo les cuesta mucho conectar un mensaje. Tienen un deseo, como por ejemplo de ir al baño, lo sienten, lo piensan, pero se pierden en la conexión de poder transmitirlo para que uno los lleve. Pero cuando asocian que una frase o una canción sirve para eso se logran comunicar”, agregó Marquisio.

¿Cómo surgió la idea de crear Villazul, Música para Crecer?

En realidad surgió cuando mi hijo mayor Antonio fue diagnosticado con TEA (trastorno del espectro autista). Nosotros vivimos en el interior de Uruguay, en un lugar muy abierto y cantamos mucho con su madre lo que vamos haciendo, las actividades del día. Así fue como nos dimos cuenta que con eso él conectaba mucho más con nosotros y con las tareas que debía realizar. Era una cosa normal, como hace todo el mundo, le cantábamos desde “a guardar, a guardar…” hasta “vamos al baño…”. En un momento, entonces, me surgió el interrogante de si había algún trabajo serio que englobe todas estas canciones, que se llaman canciones motoras. Comencé a investigar si había algún disco que tuviera todas las actividades de un niño desde que se levanta hasta que se acuesta, enumeradas en canciones, para que un padre que no fuera creativo las tuviera a disposición. Sumado a eso, que tuviera el apoyo de algún terapeuta u profesional. Y no encontré nada. Sí había canciones separadas, pero no un trabajo entero que tuviera todas las actividades. Por otro lado, no había actividades que para mi hijo eran muy importantes: hacer caca, pis, controlar la ira o quedarse tranquilo. Entonces decidí hacerlo. Empecé a preguntarles a terapeutas, a profesionales que trabajaban con niños con discapacidad y todo el mundo me decía que utilizaba el mismo sistema que yo: inventaban alguna canción o usaban alguna conocida. Y ahí nació la idea. Justo estaba trabajando con un par de artistas muy importantes de acá, como son Estela Magnone y Malena Muyala, y se los planteé. Ambas se engancharon y empezamos la creación del disco.

¿Cuántas canciones tiene?

Son 26 canciones que recorren todo el transcurrir del niño desde que se levanta hasta que se acuesta. Se incluye toda su rutina, con canciones para dar mimos, besos, abrazos, para ir a la escuela, así como para jugar y compartir con los compañeros. La mitad de las canciones las armé yo y la otra mitad las fui trabajando con Estela durante dos años.

El control de calidad, la decisión final de si una canción se incluía o no, ¿era junto a tu nene?

Sí jajaja, él fue como el piloto de prueba en realidad. Nosotros armábamos las canciones y primero se las mostraba a la madre. Ella me hacía la devolución y si le parecía que podía andar bien, generalmente se aprendía la canción y se la cantaba a él. Si le gustaba, la grababa de manera muy simple, con una guitarra, e iba a ver a terapeutas a mostrárselas. Ellos, a su vez, la compartían con distintos niños para ver si funcionaba afuera. Si pasaba ese filtro la canción estaba aceptada. Muchas veces volvía para atrás, había que cambiarle alguna palabra, era muy lenta o muy rápida. Eso demandó casi un año y medio.

¿A qué se debe el nombre del disco?

Villazul se debe a que el azul es el color asociado al autismo. El 2 de abril, que es el Día Mundial de Concientización sobre el autismo, siempre se utilizan remeras azules o globos de ese color. Y si bien el disco luego terminó siendo para cualquier tipo de discapacidad, en realidad para todos los niños, inicialmente nació con esa premisa. Además para la parte audiovisual, que es en lo que estamos trabajando ahora, se me ocurrió pensar en hacer una especie de pueblito, de Springfield (ciudad de Los Simpsons). Entonces surgió que el nombre del disco debía sonar como un pueblo. Mencionamos algunos hasta que finalmente llegamos a Villazul.

¿Para qué otras patologías o discapacidades ayudaron los temas?

Se utilizaron en escuelas para niños con síndrome de Down, con síndrome de Asperger, con TGD y  para chicos con dificultades en el aprendizaje. Sinceramente no pensé que iba a ser así, porque no tenía experiencia en ese campo. El disco en Uruguay se editó en diciembre del año pasado y en marzo, cuando comenzaron las clases, se empezó a usar en todas las escuelas especiales. Y como los propios niños lo llevaban se fue escuchando en todas las escuelas de educación inicial (hasta los 8 años). La Administración Nacional de Educación Pública lo recomienda y lo transformó en un disco de interés para todas las maestras y la educación inicial. Me asombra mucho, pero me parece fantástico porque así se da la verdadera inclusión.  Que todos puedan cantar las mismas canciones de un disco que fue creado para niños con discapacidad.

¿Los padres deberían hacer algo para potenciar el mensaje de las canciones?

Totalmente. En realidad, es un disco para padres o para niños mediante una tercerización. Porque si bien a los niños les encanta el disco, lo escuchan, lo ponen, la idea no es que el disco suene cada vez que el chico deba realizar alguna actividad. Sino que la canción es para los padres, está instrumentada para ellos, para que la aprendan, la disfruten y la canten. Funciona, además, para contrarrestar la actividad negativa, para dejar de insistirle con que vaya al baño y en vez de eso poder cantarle esa melodía, esa canción y generar un contacto más alegre. Es importante transmitir alegría. Si bien puede ser complicado ser padre de un niño con discapacidad y a veces uno puede abrumarse, mediante este recurso se consigue generar una cuestión energética que puede ser importante. Saber las canciones, cantarlas, les va a hacer bien a los niños, pero sobre todo a ellos mismos.

¿Cómo vienen las ventas?

Se convirtió en disco de oro y se ha transformado en el disco más vendido del Uruguay por arriba de No Te Va A Gustar o La Vela Puerca. Da un orgullo tremendo. Después de la salida del disco en diciembre, me llamaron del sello en febrero, yo no sabía mucho por aquel entonces, y me dijeron que estaba entre los diez discos más vendidos de diciembre. ¡Y había salido el 18 de diciembre! Y desde marzo hasta acá que viene en el puesto número uno de ventas y no ha bajado nunca. Es raro porque en ese ranking no suele haber canciones para niños, segundo porque fue pensado para niños con discapacidad y tercero porque es un disco de un sello chico – Bizarro Records – no de una multinacional.

Después de semejante éxito, ¿qué se viene?

Ahora estamos en pleno trabajo audiovisual para complementar el disco. Porque Villazul, increíblemente, ha tenido éxito sin una imagen asociada, cuando para los niños todo viene acompañado de un dibujito animado. En este caso no, fue solamente la música. Así que lo que vamos a hacer son unos videítos para acompañar las canciones. La idea es que se editen antes de diciembre. Serán de distribución gratuita y estarán en Internet, en el canal de Youtube de Villazul. Porque sabemos que hay muchos niños a los que les sirve contar con la imagen de lo que está pasando. También estamos en el proceso de edición en otros países. Uruguay fue una prueba piloto muy linda y alucinante por lo que pasó a nivel de concientización. En este año se ha hablado más de discapacidad y de autismo que en cualquier otro año. Ahora se viene la salida del disco en Argentina a través de S-Music. También en Paraguay, Chile y hay ganas de hacer un Villazul Latinoamericano, con artistas de estos países, para llevar esta experiencia por todo el continente. El domingo, además, me voy para Australia porque está la idea de editar Villazul Australia con artistas de allá y hacer una adaptación al inglés. Así que con muchos proyectos por suerte. Está bueno poder transpolar esta experiencia que se ha hecho sin fines de lucro, donde todos los músicos participaron y ayudaron ad honorem.

Por último, este talentoso y generoso músico nos contó una anécdota familiar que resume un poco todo lo mencionado. “En la navidad pasada el abuelo le regaló una orca inflable enorme. Y como siempre digo, los regalos para los niños con autismo deberían venir listos para usarse. Me puse a inflar como loco ese animal, pero él lo quería ya. Sin embargo, se puso a cantar la canción de Esperar, que es un tema para controlar la ansiedad. Empezó ‘si tengo que esperar, yo puedo cantar la, la, la, la, lalala’. Así fue todo el transcurso mientras inflé el regalo y se fue tranquilizando hasta que estuvo listo. Funciona mucho, como cuando canta la canción de Tranquilo, para cuando tiene una crisis y llora.  Le ha sido tremendamente útil, primeramente a él, y por otro lado ha sido  un vínculo de conexión tremenda con sus compañeros de jardín, que no tienen autismo ni  discapacidad”, cerró.

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