Mano a mano con Constanza Orbaiz

Llega a nuestro blog la psicopedagoga que nos muestra una mirada personal de la discapacidad. Nos alegra mucho contar con su colaboración y le damos la bienvenida en una charla con Daniela Briñón, fundadora de Zona de Sentidos.

“¿Venís a ver a Coni?”, me pregunta el guardia de seguridad del edificio cuando entro. Subo y Constanza Orbaiz me abre la puerta con una amplia sonrisa. Le comento que me encanta su departamento, tan luminoso. Ella responde orgullosa que hace seis meses se mudó allí, se independizó. También explica que debió postergar la hora de la entrevista porque la noche anterior fue a grabar otra en un canal de TV y que en lo laboral “por suerte, el 2018 está cubierto”.

Coni tiene una agenda cargada. A su trabajo como psicopedagoga en un jardín de infantes de Tortuguitas se suman pacientes particulares y charlas sobre inclusión en organizaciones de padres, centros terapéuticos y escuelas comunes, y sus estudios universitarios. Es mucho, pero ella puede.

Años (muchos) de formación

A los 34 años, puede más de lo que se imaginaba, con la parálisis cerebral que la acompaña desde que nació. Todas fueron grandes luchas que encaró con paciencia y tenacidad, desde caminar hasta seguir sus estudios en diferentes escuelas y alternarlos con múltiples terapias para mejorar su condición física.

Cursó desde jardín a noveno año en una escuela con pedagogía Waldorf y finalizó el secundario en otra escuela común. Hizo un año de educación especial y luego se cambió a psicopedagogía, en el Instituto Pedro Poveda, de Vicente López, donde se recibió en el año 2011, habiendo completado la carrera en ocho años, que es el doble de tiempo estimado (“hacía la mitad de las materias, porque me demandaba mucha energía cursar todos los días”). “Siempre me interesó cómo un chico con compromiso neuromotor puede acceder a lo simbólico, a la comunicación, a la lectoescritura”, me explica y agrega: “En el fondo, por eso, quise estudiar psicopedagogía, pero tenía muchas dudas. Primero de si me iba a poder recibir y después, de cómo trabajar yo con chicos también con una discapacidad neuromotora”.

(Actualmente está terminando la licenciatura en Psicopedagogía en la Universidad Kennedy. Acaba de finalizar su tesis de grado en inclusión escolar de alumnos con parálisis cerebral y ya está pensando qué posgrado encarará a continuación).

Trabajar con el niño como un todo

Una vez abocada a su vida profesional, en el año 2012, Coni inició el proyecto Desde Adentro: una página de Facebook donde escribe sobre temas relacionados con la discapacidad y con sus vivencias como persona con discapacidad, rescatando lo subjetivo porque cree que es una visión necesaria y que no se encuentra fácilmente: “Hay mucho desde afuera, desde el diagnóstico, las terapias y poco de lo que pasa desde el sujeto”.

En el mismo año, empezó a trabajar también en un colegio de Tortuguitas, como psicopedagoga de jardín, y a tener pacientes particulares con discapacidad, en especial con parálisis cerebral.

Los chicos y la discapacidad 

Coni me cuenta que la relación con los chicos del jardín en el que se desempeña es muy natural. “Me ven una vez por semana, pero ya me conocen. Me preguntan al principio y después ya está. Les contesto que tengo un problema y por eso me muevo así y no hay mucho más para decir. Creo que el intercambio de todos los días es la mejor forma. Por supuesto que hay que responder a su modo”.

Es que el problema no son los chicos, le comento a Coni y ella coincide. Lo que experimento con mi hija Sofía, que tiene parálisis cerebral, es que los amiguitos de Clara, mi hija menor, cuando la ven a Sofi, me hacen preguntas, pero las contestás y ya. De hecho, a veces Clara la copia, cómo se mueve, los sonidos que hace.

Contemplar distintas opciones educativas

Seguimos conversando sobre la mirada del otro y, cuando abordamos el tema de la integración en las escuelas, Coni advierte que es un tema con diferentes aristas: “Se lo está tratando de simplificar y, en la realidad, es complejo. Porque no estamos acostumbrados. Porque lo diferente nos interpela. Nos hace repensar el sistema educativo per se. Y como no queremos repensarlo, preferimos que todo termine en que haya una maestra integradora que se ocupe o un centro, que a la vez no tiene nada que ver con la escuela. Desde ya, siempre rescato que estamos mucho más avanzados que hace quince años. Ni que hablar de cuando mi mamá buscó colegio para mí. Y celebro cada avance, celebro que cada convocatoria de una escuela común a un taller sobre inclusión. Hay mucho hecho, pero falta mucho para hacer”.

En mi caso, con Sofi que tiene dificultades visuales, motoras, entre otras elegimos que vaya a un CET porque consideramos que era lo mejor para ella. Pero conozco familias en situaciones similares que optaron por enviarlos a un jardín de infantes común. Es que ¿la decisión en quién está? Queda como a decisión personal de los papás, por ahí un médico o un terapeuta te orientan, pero hay muchas familias que han decidido cosas distintas.

“Y a mí me parece que tiene que haber cosas distintas. Tiene que haber escuelas comunes, escuelas especiales y centros”, opina Coni y amplía: “Personalmente no estoy de acuerdo con las dicotomías, en el sentido de «o escuela especial o escuela común». No creo con que una cosa anule a la otra. Cada chico necesita una trayectoria distinta que hay que respetar”.

 

Que no falte el tiempo libre

Un tema recurrente en charlas con otros papás es el de la sobrecarga de terapias y es algo que a Constanza le interesa mucho: “Los chicos tienen demasiadas (terapias) y todas están como desconectadas en un punto entre sí. Eso también tiene que ver con una idea de que cuanto más es mejor y, quizás, con la desesperación de buscar una mejoría, que es válido y que nos pasa a todos, pero que no siempre conduce a buen puerto. Porque la realidad es, sin dudas, hay que hacer las terapias, pero tiene que haber calidad más que cantidad. Tiene que haber un vínculo con el terapeuta y no siempre se da”.

Entiendo a qué se refiere. Es que a medida que crecen los chicos, el cuadro queda más expuesto. Cuando son muy bebés, está planteada la discapacidad, pero no sabés adónde va a llegar. Hay una búsqueda, hasta que en un momento ya están las cartas sobre la mesa y, entonces, podés empezar a elegir por calidad: “No sigamos con esto, vamos por este lado que me parece que le gusta más”.

¿Existirá alguna fórmula para darte cuenta de cuándo las terapias son demasiadas? “Creo que la respuesta siempre está en tu hijo. Si ves que tu hijo está agotado”, sostiene Coni. Y así parece claro, o si no hubo tiempo de hacer cosas de niño, le digo y ella aclara que para algunos chicos eso mismo puede ser “estar haciendo nada. Porque acá también muchos padres dicen «bueno, pero si no hacen terapia están en su silla mirando el techo». Y capaz que necesitan estar en la silla…”.

Pienso en lo vertiginoso que es todo a veces. Y en lo importante que es encontrar espacios para el disfrute. Parar y vivir un buen momento. Esos momentos que parecen insignificantes y son todo. Y Coni lo confirma con un recuerdo de su niñez: “Cuando era chiquita, no caminaba. Mi mamá iba al living, ponía música y bailaba conmigo. Tengo un recuerdo de eso y hoy le pregunto «¿por qué lo hacías? ¿para estimular?» Y no. Me responde que pensaba «si le cuesta moverse, me voy a mover con ella en algo placentero»”.

Para reencontrarnos muy pronto

Seguimos conversando un largo rato. Sobre los chicos con discapacidad, los chicos sin discapacidad, los papás, la escuela, los proyectos que nos dan energía y ganas de seguir adelante… Son tantos los temas que queremos tocar, tanto lo que quiero preguntarle y lo que ella tiene para compartir que el tiempo nos queda corto.

Nos despedimos con la promesa de volver a hablarnos. Y me voy contenta de comenzar a trabajar con una persona que tiene tanto para brindarnos. Hoy se las quise presentar a ustedes con esta humilde charla que les acabo de relatar y que tanto disfruté. A partir ahora, podrán leer sus columnas directamente en nuestro blog. ¡MUCHAS GRACIAS, CONI ORBAIZ Y BIENVENIDA A ZONA DE SENTIDOS!

Daniela Briñón

Fundadora de Zona de Sentidos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *