“Los padres deben estar dispuestos a sostener a sus hijos, pero sin tenerlos agarrados”

Puesto que consideramos que con un pensamiento claro, ideas superadoras y un objetivo preciso  se puede ayudar a construir un mejor porvenir para el entorno familiar, desde Zona de Sentidos volvimos a convocar a la doctora en Psicología Clínica y licenciada en Psicología, Silvia Papuchado. El objetivo, en esta oportunidad, es empezar a delinear y comprender cómo ayudar a que los niños y niñas puedan crecer y desarrollarse con autonomía y rodeados de afecto, que no solamente provenga de su entorno familiar.  “En el consultorio escucho a muchos padres preocupados por el futuro de sus hijos y por el qué dirán. También por cómo se van a arreglar los chicos si a ellos, eventualmente, les sucediera algo”, arrancó mencionando nuestra profesional de confianza en asuntos de la psique.

“Suele ocurrir que los niños que van creciendo y al llegar a la adolescencia no tienen grupos de pertenencia y se los ve caminando junto a sus padres como acompañantes casi cotidianos. Cabe resaltar que es muy necesario el entorno de pares para todos los sujetos. Obviamente también para los jóvenes con alguna discapacidad. Buscar ámbitos de contención, de aprendizaje y de compañía ayuda notablemente a ambas partes: al joven y a su entorno familiar. Permitir y favorecer que esos adolescentes en pleno crecimiento se luzcan, se destaquen, se muestren y sean felices, resulta absolutamente sanador. Cada patología, por supuesto, requiere de un distinto tipo de atención y le da a cada sujeto distintos tipos de posibilidades físicas y psíquicas, pero hay que apuntar a desarrollar al máximo las que cada uno tiene”, continuó.

“Resulta importante que los niños con algún tipo de discapacidad puedan estar con pares en todo sentido. Pares en cuanto a edad cronológica, en cuanto a la etapa que están atravesando, lo cual permite que vayan a escuelas con maestras integradoras y estar con otros compañeros a los que el resto de la sociedad denomina ‘normales’. Sin embargo, a medida que van creciendo e ingresan en la adolescencia, tiende a repetirse el hecho de que pierdan un poco esta posibilidad de integrar grupos de pertenencia porque la sociedad, muchas veces, los discrimina. Mucho más cuando son grandes. Entonces resulta muy interesante que puedan acudir a lugares que se conocen como talleres protegidos, cursos, teatro, etc., relacionados con la capacidad que cada uno pueda desarrollar. Esto no significa que todos los chicos que tengan una patología X estén solamente con otros con la misma patología, sino que puedan ir a lugares donde no se sientan diferentes. Donde no se los mire como si fueran distintos al resto y puedan desarrollar libremente lo que les guste. Ya sea música, pintura, teatro, construcciones, deportes y toda ello para lo que estén capacitados”, añadió.

¿Cuál debería ser el rol de los padres para ayudarles a generar ese marco?

Empezar a ver cuáles son los intereses que tienen los chicos. Hay algunos que se inclinan más por lo artístico, otros prefieren más las cosas emocionales y también están las actividades deportivas, entre muchas otras. Hay muchísimas cosas que pueden hacer y en muchos de esos casos son los padres los que tienen que elegir. Incluso los docentes pueden asesorar comentándoles en qué actividades se destacan o se sienten más cómodos para que, posteriormente, se pueda hacer hincapié en éstas. De esa forma podrán desarrollarse porque lograrán estar con otros. No simplemente con la mamá, el papá y la familia, que es un círculo muy chico.

¿La terapia también podría ser un lugar para detectar intereses?

Sí, de todas maneras hay algunos chicos que no van a terapia. El terapeueta también puede colaborar en esa detección de los intereses particulares. Fundamentalmente uno lo va viendo a medida que van creciendo sobre qué cosas se van inclinando. Pero hay muchas patologías que no van a estar en terapia de por vida. Que la harán algunos años y luego la terminan.

También se les podría consultar a ellos directamente, ¿no?

Absolutamente. Muchas veces pueden expresarlo en palabras o demostrándolo con actitudes. En eso uno desarrolla lo que se llama ensayo y error. Va probando y observa que hay algunas cosas que funcionan, otras que no, y algunas que pueden gustarles en un momento y en otro no, porque pueden ir cambiando. Claro que esto puede generar en los padres y en la familia cansancio y un agotamiento muy grande. Por eso hago hincapié en que los roles se puedan ir intercambiando, porque demanda mucho trabajo. Se necesita alguien que los lleve, que los pasen a buscar, o bien  esperarlos y encontrarse con las personas que están a su cargo para saber cómo continúa todo. Estas tareas para los adultos se suman a sus trabajos y a sus otros hijos, entre otras cosas. Igualmente, hay chicos que tienen una relativa independencia para viajar solos, manejar dinero y usar el celular, lo cual podría facilitar un poco todo ese proceso.

 Entonces, ¿podríamos plantear que uno de los grandes desafíos para los padres consiste en empezar a soltarles las manos a sus hijos, sin que eso implique dejarlos solos?

Exactamente, porque eso sería lo mismo que debiera hacer cualquier tipo de padre con cualquier hijo. Estar siempre para sostenerlos, pero eso no significa tenerlos agarrados. Darles libertad, como se hace con cualquier persona. Brindarles la libertad de elegir y poder permitirles que disfruten, que crezcan y se desarrollen. Ese es el rol de los padres, no sólo en los casos que estamos hablando sino en general.

 

 

 

 

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