¡Feliz día, ma!

Natalia y Gonzalo en la plaza

Quizás algunas nunca tengamos la suerte de escuchar de boca nuestro/a hijo/a estas hermosas palabras. Otras, sin embargo, vamos a sentirlas en nuestro corazón con cada sonrisa de la mañana. Y también seremos inmensamente felices.

¿Será importante definir si somos “mamás especiales” o simplemente “mamás”? ¿Será relevante creer o no que Dios nos encomendó esta tarea? Por momentos suena poco trascendente e incluso que no hay mucho tiempo para detenerse a pensar ello. Tal vez las respuestas son muy personales y cada una elegirá aquella que le resulte mejor para encarar el camino. En cualquier caso, sea cual sea la respuesta,  en este nuevo Día la Madre quisimos poner en valor nuestro rol:

Porque una vez superada la conmoción del diagnóstico sacamos fuerzas de donde no había para salir adelante,

Porque aprendimos a ser enfermeras, médicas, terapeutas, maestras, abogadas y defensoras de derechos, además de ocupar el rol de madres,

Porque nos caímos varias veces y nos levantamos la misma cantidad,

Porque soportamos que el rol inicial haya quedado desdibujado,

Porque no siempre la familia acompaña y la remamos igual,

Porque los amamos y los mimamos,

Porque buscamos información,

Porque aportamos serenidad,

Porque peleamos a diario con las obras sociales que especulan con nuestro agotamiento,

Porque soportamos las presiones de una sociedad árida, que aún no está lista para incluir,

Porque toleramos miradas punzantes y llenas de una compasión que no necesitamos,

Porque conocemos momentos de profunda felicidad.

Porque el futuro es incierto y convivimos con eso.

Desde Zona de Sentidos quisimos festejar este Día compartiendo el testimonio de tres mamás, que con sus estilos, sus preocupaciones, sus logros y sus miedos, son únicas.  Conversamos con Natalia Romano, mamá de Gonzalo de 3 años; con Andrea Grizutti, madre de Juan Pedro y Amparo; también con Ana Lis Lamacchia, quien trajo al mundo a Uma, Valentino y Luciana. Ellas se animaron a contar sus aprendizajes, sus tropezones, sus momentos de disfrute con los suyos y nos dieron algún consejo.

 

“Gonzalo tiene 3 años y es un sol. Es mi amor. Nació prematuro. Llegó al mundo en agosto cuando se lo esperaba en octubre. Todo iba bien en mi embarazo hasta que de un día para otro tuve preeclampsia y la situación se desató rápido. Fue una semana de medicación para controlar la presión, internación y había que sacarlo porque corríamos riesgo los dos. Fue muy difícil”, recordó Natalia Romano, de 36 años. “Todo para mí era nuevo. Estaba en el servicio de neonatología y sinceramente no sabía que había tanta cantidad de chicos que nacían tan prematuros. Primero se alimentó por sonda y luego, cuando pudo, lo hizo de mi pecho”, continuó. Finalmente dejaron la Clínica y Maternidad Suizo Argentina y a partir de diversos estudios, y con el tiempo, se confirmó el retraso madurativo general. “Fue ir avanzando con él sin algo claro e ir dándonos cuenta de sus complicaciones. Pero por suerte es un nene activo, que se para, agarrado de las cosas, y que tiene una voluntad que es una maravilla”, agregó.

Como ocurre con muchas madres y padres, el cimbronazo causó impacto. Pero el amor, las caricias, las miradas cómplices y el vínculo maternal, se encargaron de acomodar las cosas. “Me gusta ir con él a la plaza porque lo disfruta mucho. Le gusta subir escaleras. Mientras lo sostengo se trepa a todo. Es un nene lleno de vida. Se alegra al ir a pasear, le gusta mucho la música y los instrumentos. Eso no lo heredó de mí, seguramente de su padre Alberto, que es productor de televisión. Ser madre es algo maravilloso, un sueño cumplido. Lo esperaba mucho”, aportó esta mamá que dedica muchas horas del día al cuidado de su nene y a la que las complicaciones no consiguieron frenarle su deseo de ser madre. Por el contrario, la fortalecieron en ese arduo y bonito camino.

Andrea junto a Juan Pedro y Amparo

Andrea junto a Juan Pedro y Amparo

Andrea es licenciada en Psicología y se desempeña en psicóloga clínica. Junto con su esposo Diego se ocupan del cuidado de sus dos chicos. Juan Pedro, de 12, no tiene un diagnóstico claro. “Sólo sabemos que ha sufrido una mutación genética, de las tantas que en épocas pasadas no sobrevivían y hoy con los avances de la ciencia y los cuidados cotidianos sí, además de lograr una buena calidad de vida. Le han hecho estudios genéticos en el exterior pero no se ha encontrado el gen mutado”, contó. “Mirarnos, bailar, su sonrisa y su risa me dan placer. A la noche, después de la cena, nos sentamos en el sofá Juanpe, Ampi y yo a esperar a Diego que vuelve tarde a casa. El se apoya en mi brazo y de a poco descansa o se duerme. Es nuestro clásico de la noche”, continuó.

“La comunicación simbólica todavía es algo que le cuesta y lo frustra no poder hacerse entender. A nosotros nos entristece cuando no logramos comprenderlo”, contó. A pesar de las dificultades, la familia no detiene su marcha y Juan Pedro ilumina el camino con su persistencia. “Mi hijo es un luchador incansable. Es tenaz en sus esfuerzos y tiene una alegría que le permite levantarse y volver a empezar luego de cada episodio complicado de su salud. Obviamente con sus tiempos personales”, prosiguió.  Destila afecto en cada palabra y analizó cuidadosamente su papel como madre. “Qué pregunta mis logros como madre, estimo que eso sólo pueden saberlo mis hijos y algún día tal vez me lo puedan transmitir. Amparo podrá analizarlo y decirlo con palabras, JuanPe tendrá que buscar su forma de hacerlo, o no. Mis eventuales logros supongo que tendrán relación con el cotidiano trabajo sobre la paciencia, la espera,  la escucha en todo, y brindarles un estímulo adecuado. Y mi mayor desafío es ser un vehículo para su felicidad y para el logro de la mejor calidad de vida posible para mis hijos.  Sé que ellos no nacieron para enseñarme nada a mí, pero estoy convencida de que la presencia de los dos en mi vida me hace mejor persona”, expresó.

Ana Lis Lamacchia es terapeuta de niños, adolescentes y adultos. Su primera hija, Uma, nació con una malformación cerebral. “Una lisencefalia parcial le produjo microcefalia y conspiró para que no tuviera lenguaje verbal ni pudiera caminar”, introdujo la psicóloga. “El tema del lenguaje fue un asunto por revolver. Hasta que dimos con una fonoaudióloga que le enseñó lenguaje de pictogramas y nos dimos cuenta que entendía todo. Esto le permite expresar lo que le gusta, lo que no, sus sentimientos y ese lenguaje lo continúa ampliando junto con la profesional. Esta posibilidad nos permitió descubrir un mundo maravilloso para comunicarnos. Así nos hizo saber la otra vez que no quería ir al jardín y que prefería quedarse durmiendo”, ejemplificó.

“Le encanta tocar un pianito que tiene música y ruido de animales. Disfruta de pasar mano por todas las teclas. También le gusta mucho jugar con burbujas y eso lo comparte con sus hermanos. Valentino les hace burbujas y los tres se divierten. Conmigo disfruta mucho de los cuentos y también cuando nos acostamos y estamos un rato en la cama”, describió. “Uma fue nuestra primera hija y creo que nos enseñó a ser padres. No con las ideas que uno tenía, sino andando el camino junto a ella y disfrutando de sus pasos, que va haciendo de a poco. En otros tiempos. Que haya encontrado el lenguaje y la comunicación es una de las satisfacciones más grandes. Es fantástico, me encanta. Fue un gran logro en nuestras vidas, luego de pasar mucho tiempo con incógnitas”, mencionó.

“Cuando nos dieron el diagnóstico fue muy distinto lo que escuchamos del neurólogo y del pediatra. Mientras que el primero fue mucho más crudo y nos generó una angustia terrible, por la posibilidad de que no pasara los dos años de vida en caso de que tuviera convulsiones, el otro profesional nos acompañó desde el primer momento. Puso el acento en nosotros diciéndonos que dependía de lo que pudiéramos ofrecerle a ella como padres. Fue como una inyección de vida que me puso”, concluyó en un mensaje optimista.

Ana Lis y Uma, a pura sonrisa

Ana Lis y Uma, a pura sonrisa

¿Se animarían a compartir algún consejo, sensación o sugerencia para otra madre?

Natalia: A mí me ha costado mucho todo esto y no sé si soy la más indicada para decir algo. Sólo compartir la satisfacción de haber traído a mi hijo al mundo. Logré cumplir un sueño que deseaba desde hace mucho. A pesar de las complicaciones que pasa Gonzalo, él sigue adelante. Nosotros hacemos lo mismo y ojalá que otras familias también puedan ser iluminadas por sus hijos.

Andrea: No soy amiga de aconsejar, y no recibo de buen grado un consejo sobre mi rol materno. Pero me gustaría compartir un pensamiento que me ayuda a poner las cosas en perspectiva. Todos los días a pesar del cansancio, de los apuros y de las rutinas busco compartir un momento de juego y de risa con mis hijos. Son momentos en los que siento que respiro vida y luz. En el Día de la Madre pienso mucho en mi propia madre y su legado. Con sus múltiples virtudes y sus defectos agradezco su ejemplo. Espero que mis hijos sientan por mi algo similar a lo que significó mi madre para mí, como figura de protección y amor muy presente en la vida cotidiana.

Ana Lis: Luego del embarazo inicial de Uma, los siguientes vinieron con mucha fe. Queríamos continuar con nuestro proyecto de familia y sumar otras experiencias. Porque cada niño es diferente y necesita algo distinto. Así tuviera lo mismo que su hermana sería otra situación. Mi hija nos ayudó a ser mejores padres. Nos enseñó que es fundamental como padres, y en este caso como mamá, no ponerles un techo a los chicos y eso es lo que quiero compartir.

 

Un comentario en “¡Feliz día, ma!

  1. Celia Iglesias Reply

    un abrazo grande a todas estas mamás que yo considero especiales ,una vez escuché a un padre que tenía un hijo especial decir:Dios elige a los papas para darnos estos hijos porque sabe que los vamos a cuidar y criar con mucho amor ,en especial a la mamá de Uma ,porque conozco a su abuelay ella sabe que las tengo en mis oraciones,

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