Alejarse de la discapacidad como carta de presentación y acercarse al uso de la palabra y al valor del cariño

Cualquier obstáculo se supera con los afectos.

El mundo parece detenerse con el nacimiento de un hijo. Todo el entorno, las preocupaciones u otros factores de atención parecen disiparse en ese momento. Sin embargo, cuando ese ser amado tiene alguna complicación, algún problema que podría complicar su desarrollo, todo ese amor y dedicación mutan en preocupación, amargura y hasta en tristeza. Por eso, para revertir ciertas tendencias y lograr canalizar todo el afecto de forma positiva, conversamos con la doctora en Psicología Clínica y licenciada en Psicología, Silvia Papuchado.

 “Lo más importante en una familia atravesada por la discapacidad en alguno de sus miembros, y más aún en un niño, es tratar de entender que siempre los padres buscan compensar eso que consideran la falta. Buscan proteger a quien observan como el más débil o más necesitado. Es importante pensar que esta situación debe ser algo más en esa familia y no todo. La discapacidad, al igual que la enfermedad en general, no debe ser una carta de presentación. Por supuesto, la familia y los padres en un primer momento deben ser ayudados, acompañados y asesorados por profesionales de la salud más allá de los pertinentes a cada patología en particular”, contó la profesional a Zona de Sentidos.

 ¿Qué pasa con esa pareja que está muy atravesada por la discapacidad de su hijo?

 Es fundamental la fortaleza de la pareja ya que es muy común ver cómo el vínculo, ante la adversidad, termina por romperse y se separan. Es aconsejable que la pareja esté consolidada desde antes y que reciba ayuda. Nunca es fácil procesar la discapacidad de un hijo, que para sus padres es una proyección, un símbolo de trascendencia. Es el futuro de su vida, su proyecto y se torna muy complejo ayudarlos a entender que ellos no son culpables. Si la pareja se ama profundamente y tiene la fuerza de enfrentar la mirada de los otros, que pueden señalarlos como víctimas o hasta sentir lástima, saldrá fortalecida de esta situación con la que aprenderán a convivir.

 ¿Cómo hacer para que la dinámica, el funcionamiento de una familia, no quede marcado sólo por esa discapacidad? 

 La dinámica familiar al igual que toda dinámica de grupo tiene la particularidad de poner a cada uno un rótulo que la mayor parte de las veces es muy difícil de cambiar. Si bien se habla de dinámica, generalmente es bastante estática paradojalmente. Está el inteligente, el lindo, el deportista, el mimoso, así como siempre aparece, además, el cartel de pobrecito, del que no puede, del distinto o el enfermo. Esto es lo que debe ser modificado. Los vínculos deben ser atravesados por el amor, el entendimiento, la comprensión. Por sobre todo las cosas por la palabra. Sólo así se podrá vivir en una relación armónica, sin por eso pensar que será idílica. Hay una frase de la psicoanalista francesa Francoise Dolto – quien se ocupaba de niños con discapacidades mentales – que podría ayudar. Unos padres se acercaron a ella y le preguntaron sobre su hijo con una debilidad mental profunda. Querían saber cuál era su coeficiente intelectual. La doctora respondió: “Lo importante no es cuan inteligente es sino lo que podrá hacer con la inteligencia que tenga”. Me parece una definición brillante de esa especialista que hago mía en cada una de las consultas.

 ¿Cómo hacer para no cargar de estímulos al niño/a todo el tiempo y poder tener, también, un tiempo ocioso de diversión? 

 El estimulo es necesario, imprescindible en el crecimiento y desarrollo de un niño. No así el sobre estimulo para ningún tipo de niño. Todo aquello que se hace en demasía no sirve. Daña. También la sobreprotección. Pensar que uno debe tener a su hijo ocupado, estimulado y protegido todo el tiempo es dejarlo vulnerable y expuesto a la desprotección, es casi como abrigar demasiado a un bebé y pretender que ya de niño no se resfríe ante el primer enfriamiento.

Por último, la psicóloga nos ofreció una reflexión para ayudar a continuar un camino que puede ser sinuoso pero que se transita con más facilidad cuando se lo recorre con amor. “La mayoría de las veces ante el nacimiento de un niño con algún tipo de discapacidad, y en caso de que sea el primer hijo, es recomendable tener más hijos en el caso de ser posible. Esto ayuda a ambas partes. Los padres dejan de tener el 100 por ciento de atención en ese niño, y a su vez éste tiene más libertad al no sentir todo el peso de las expectativas sobre él. Creo que deberíamos entender que discapacidad no es sinónimo de enfermedad y que la palabra tolerancia no es la más apropiada porque uno debe tolerar sólo aquello que molesta. Nunca esa palabra ayuda a zanjar diferencias. Tal vez sería mejor acompañar, seguir, guiar, cuidar dependiendo del rol que a cada uno se le adjudique en cada momento”, concluyó.

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